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viernes, 15 de abril de 2011

Tu dios y mi dios


Todos los dioses son iguales. Nos cuidan, son modelos del hombre y la vida, nos invitan a ser buenos y nosotros los invitamos a traernos buena fortuna. Y ninguno es único, ninguno es el verdadero, tal vez ese es el secreto que nos separa de la tolerancia.

El verdadero dios ha de estar escondido para todos los hombres, no tiene caso buscarlo, llamarle, ni actuar en su nombre. El verdadero dios no hablará, sólo conecta, está presente, jamás juzga ni actua. Eso es trabajo del hombre.

Los dioses nos impulsan, nos ayudan a entender el mundo, a convivir. Pero es nuestra fe en ellos lo que logra tales objetivos, es al final de cuentas nuestra fuerza propia. A nosotros sólo nos queda vivir, vivir, vivir. Siempre se vive de la mejor manera posible.

lunes, 18 de enero de 2010

Vacío

Solía creer que los chupamirtos traían buena suerte, símbolo de que algo bueno estaba por llegar.
Solía sentir que no hay nada mejor que encontrar lagartijas en los árboles, percibir los pequeños movimientos, cortos, rápidos, repentinos.

Aquel día el chupamirto bajó a beber agua de la fuente, y de pronto tan sólo fue un ave, una mañana fría, fresca, vacía.
Aquel día me encontré con tu imagen ocupando mi corazón y mis días, y fue como una sentencia de muerte.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Su primera impresión de la muerte

Fue un día que una mosca negra y gorda no nos dejaba dormir. Las orejas prestas, los ojos atentos, Mirumi sabía perfectamente por donde volaba la intrusa y cuando podía intentaba un arañazo, pero no era suficiente.

Alguna vez has notado lo sensible del oído de un gato?
Era momento de poner fin a la tortura o no dormiríamos jamás.

Un simple golpe derribó a la mosca, que cayó sobre el tocador, inconsciente. Ah, pero he visto revivir moscas que no han perdido por completo la vida, así que un golpe más aseguraría la victoria.

Claro, que esta vez fue un poco más desagradable. Mirumi no lo sabía y quería saber que sucedía con su pequeña enemiga de la noche. Se acercó, y de pronto dio el salto de horror más sincero y espontáneo que he visto.

Y es que la mosca era ahora una cápsula abierta, se podía ver el tejido amarillento a medio salir.

No creo que Mirumi conociera realmente la anatomía de un insecto, mucho menos creo que pueda haber mucha diferencia entre el olor de una mosca y su interior. Pero era claro que algo le había sucedido, catastrófico e irreparable.

Era la muerte.

martes, 2 de septiembre de 2008

Crecí oyendo recitar a Sabines

Una y otra vez la procesión del entierro, yo no lo sé de cierto, las aventuras de julito, la luna, me encanta dios, el peatón. Una y otra vez hasta que las palabras van cayendo cada vez mejor, y comienza uno a comprender "no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos... " o la sabiduría dentro del "sí tíralo, está muerto" o sentir por primera vez aquello de "quisiera hablar de ti a todas horas en un congreso de sordos" y descubrir el verdadero amor de quien regala la luna, para que la tiren.

Con él aprendí que la poesía no son rimas, sino un dulce susurro de sentimientos... un compartir lo que uno ha vivido en el mundo.

...la luna está en el cielo y sólo es luna... inagotable, milagrosa, como tú.


Qué más podrías decir a una mujer amada?

sábado, 5 de abril de 2008

Sin llanto y sin espanto

Tres amigos comentaban caminando junto al río en un noche fresca:

-Mi perra, Gandola, murió cuando tenía 15 años
-¿y de qué murió? ¿era vieja?
-No, pero la vecina tenía ratas y creemos que se comió una rata envenenada

Entonces el tercero, como quien cuenta el chiste del perrito Resitol que se cayó y se pegó, comentó:

-El hermano de mi abuela se comió un pan con arsénico que estaba junto a una maceta, para las ratas, y se murió.



Y sólo Julito podría decir algo mejor acerca de la vida, y de la muerte.