Mi hombre llegó con su cajita de acuarelas y buen humor...
me mostró que, a donde vayamos, siempre podremos pintar nuestros días de colores.
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martes, 6 de diciembre de 2016
viernes, 2 de abril de 2010
Los días pasaban
Ambos amaban el bosque, pero por mucho tiempo no regresaron.
Casi sin darse cuenta, se alejaban recorriendo la rivera, siguiendo el rumor del agua corriendo ligera, tomando el sol o bañandose. Las noches se fundían con historias de sus aventuras, con sueños pasados, con recuerdos alegres de ese mismo día; ninguno de los dos podía decir exactamente en qué momento dejaban de mirar las estrellas para mirar las maravillas inconexas de los sueños.
Era un ir y venir constante pero imperceptible. Tampoco se dieron cuenta cuando se alejaron del cauce del río, llegando a una planicie llena de flores y algunos árboles aislados que daban buena sombra. Cocinando con lo que hubiera a la mano, el momento de la preparación se alargaba con juegos, hablando de las novedades del momento. Siempre había algo sencillo pero delicioso, con olor a ajonjolí, hierbas, naranjas o pimienta.
Pasaban mucho tiempo en un pueblo donde se presentaba una historia diferente cada noche en la plaza. Con algodones de azúcar, elotes asados y gorditas de chicharrón todas las señoritas y parejas asistían al evento nocturno. Historias de amigos, de luchas, de aventuras, de cómo se ve la vida, de asesinos, de amor. Ellos llegaban poco antes de la función montados en caballos pequeños y juguetones, se sentaban en el borde de la fuente y miraban absortos cada escena, ella recargada en su hombro, él tomando un taza de chocolate caliente.
Para ellos los días pasaban constantes, siempre diferentes y jugosos. Para ellos, la vida era un caminar por el mundo, siempre mirando, siempre saboreando.
viernes, 6 de febrero de 2009
La cuidad
Era un buen día, el tiempo fresco y la luna apacible.
Así que decidió caminar al lado de su compañera, estaba demasiado cansada para montar en la bici y prefería caminar paciente por la ciudad, no tardaría más de cuarenta minutos.
Hace más de un año que atravesaba esa colonia, calles casi desiertas a excepción de uno que otro taller mecánico aún abierto al caer la tarde. Hermosas calles libres en donde podía conducir sin preocupaciones ni prisa.
Estaba cansada pero aun así tenía ánimo para ver una película, sentarse a platicar o simplemente pasar el tiempo en compañía...
Un chico desgarbado, las dos manos firmemente levantadas, presionó con algo la cabeza de un hombre en un auto. La chica caminando confiada por la calle sólo se dio cuenta de algo, del peligro... hasta que estuvo a menos de dos metros del auto.
No quiso correr, llamar la atención, qué pasaba, no quería estar involucrada.
Cambio de lado de la calle, lo que el muchacho sostenía era un control remoto y ahora festejaba lo real que su amenaza sonaba por fin. Aquellos que deciden robar autos en los semáforos tienen que estar seguros de lo que hacen. Hay que ser profesionales, pues.
No quería asustarse, ni juzgar; ella esta siempre a favor de tolerar al prójimo, incluso si hace daño. Quería tan sólo pensar en aquella noche, encontrarse con alguien, y
hacía las llamadas pertinentes.
-¿Quieres un celular?- un hombre de baja estatura preguntando a su compañero, frente al taller y caminando tan directamente hacia ella y su bici. Tan casual y cauteloso, pero se arrepintió porque la chica se había dado cuenta, de algo... de él.
Suficiente por una tarde, montó la bici y dejó la colonia.
Esa noche lloró.
Así que decidió caminar al lado de su compañera, estaba demasiado cansada para montar en la bici y prefería caminar paciente por la ciudad, no tardaría más de cuarenta minutos.
Hace más de un año que atravesaba esa colonia, calles casi desiertas a excepción de uno que otro taller mecánico aún abierto al caer la tarde. Hermosas calles libres en donde podía conducir sin preocupaciones ni prisa.
Estaba cansada pero aun así tenía ánimo para ver una película, sentarse a platicar o simplemente pasar el tiempo en compañía...
Un chico desgarbado, las dos manos firmemente levantadas, presionó con algo la cabeza de un hombre en un auto. La chica caminando confiada por la calle sólo se dio cuenta de algo, del peligro... hasta que estuvo a menos de dos metros del auto.
No quiso correr, llamar la atención, qué pasaba, no quería estar involucrada.
Cambio de lado de la calle, lo que el muchacho sostenía era un control remoto y ahora festejaba lo real que su amenaza sonaba por fin. Aquellos que deciden robar autos en los semáforos tienen que estar seguros de lo que hacen. Hay que ser profesionales, pues.
No quería asustarse, ni juzgar; ella esta siempre a favor de tolerar al prójimo, incluso si hace daño. Quería tan sólo pensar en aquella noche, encontrarse con alguien, y
hacía las llamadas pertinentes.
-¿Quieres un celular?- un hombre de baja estatura preguntando a su compañero, frente al taller y caminando tan directamente hacia ella y su bici. Tan casual y cauteloso, pero se arrepintió porque la chica se había dado cuenta, de algo... de él.
Suficiente por una tarde, montó la bici y dejó la colonia.
Esa noche lloró.
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Cuentos antes de dormir,
Historias de una bici
martes, 10 de junio de 2008
Gegen Wind und Wetter
Hast du einmal das strenge Gefühl gehabt, nur gerade zu laufen und nie zurück zu blicken?
Achtung, wenn du mehrmals das fühlst, solltest du überhaupt nicht Rad fahren!
Ich habe gehört, dass die Freie, die man erlebt, als man mit einem Fahrrad fährt, so stark sein kann, dass man die ganze Welt vergessen könnte, um die höchste Geschwindigkeit zu erreichen. Gegen Wind und Wetter, unter dem Regen gibt es nur man... und Fahrrad... und Freie.
Obwohl die Mehrheit so denken würde, ist das kein oberflächliches Problem. Ich habe viele erstaunliche Geschichten gehört:
"Aquella vez la chica bajó de la gran muralla-serpiente, en medio del valle y corrió a su bici, caía la noche y el chaparrón apenas comenzaba. Pronto llegaría a la casa amiga a guarecerse, un té caliente y toallas tibias le esperaban. Sin embargo era importante darse prisa, los caminos pronto estarían completamente oscuros y comenzarían a buscarla preocupados.
Las primeras gotas eran demasiado grandes, demasiado frías. Y sin embargo pronto comenzó a subir colinas, una tras otra, para luego bajarlas. Ya no podía prescindir del agua y el viento en su rostro...
Regresó a la tarde siguiente, radiante, poco tiempo después que amainó la tormenta"
Nächsten mal
Und er kommte bis die Chachalacas-Dünen
Achtung, wenn du mehrmals das fühlst, solltest du überhaupt nicht Rad fahren!
Ich habe gehört, dass die Freie, die man erlebt, als man mit einem Fahrrad fährt, so stark sein kann, dass man die ganze Welt vergessen könnte, um die höchste Geschwindigkeit zu erreichen. Gegen Wind und Wetter, unter dem Regen gibt es nur man... und Fahrrad... und Freie.
Obwohl die Mehrheit so denken würde, ist das kein oberflächliches Problem. Ich habe viele erstaunliche Geschichten gehört:
"Aquella vez la chica bajó de la gran muralla-serpiente, en medio del valle y corrió a su bici, caía la noche y el chaparrón apenas comenzaba. Pronto llegaría a la casa amiga a guarecerse, un té caliente y toallas tibias le esperaban. Sin embargo era importante darse prisa, los caminos pronto estarían completamente oscuros y comenzarían a buscarla preocupados.
Las primeras gotas eran demasiado grandes, demasiado frías. Y sin embargo pronto comenzó a subir colinas, una tras otra, para luego bajarlas. Ya no podía prescindir del agua y el viento en su rostro...
Regresó a la tarde siguiente, radiante, poco tiempo después que amainó la tormenta"
Nächsten mal
Und er kommte bis die Chachalacas-Dünen
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Cuentos antes de dormir,
Historias de una bici,
Pa leer alemán
martes, 4 de marzo de 2008
La infracción
La chica tenía una infracción,
había dejado estacionada su bici en aquella cerrada que nadie transita.
Así había sido siempre, pues a la vuelta de la esquina se encontraba su segundo hogar. Pero sucedió esta vez que las autoridades dedidieron poner un alto a la pequeña transgresora y pusieron largas cadenas alrededor de las llantas.
Caía la tarde y la chica debía regresar a su casa; al verse sin forma de pagar la multa, resignada pensó que habría de caminar mucho esa noche.
Este chico siempre está dispuesto a hacer aquello que los demás no se atreven, a superar sus límites, poner a prueba su capacidad y fuerza; mejor aún si está prohibido.
Sólo hacían falta unas pinzas adecuadas para recuperar el dominio de la preciada bici.
El chico siempre había soñado con romper alguna vez una cadena pesada.
La chica pudo huir antes de que las autoridades tomaran represalias.
había dejado estacionada su bici en aquella cerrada que nadie transita.
Así había sido siempre, pues a la vuelta de la esquina se encontraba su segundo hogar. Pero sucedió esta vez que las autoridades dedidieron poner un alto a la pequeña transgresora y pusieron largas cadenas alrededor de las llantas.
Caía la tarde y la chica debía regresar a su casa; al verse sin forma de pagar la multa, resignada pensó que habría de caminar mucho esa noche.
Este chico siempre está dispuesto a hacer aquello que los demás no se atreven, a superar sus límites, poner a prueba su capacidad y fuerza; mejor aún si está prohibido.
Sólo hacían falta unas pinzas adecuadas para recuperar el dominio de la preciada bici.
El chico siempre había soñado con romper alguna vez una cadena pesada.
La chica pudo huir antes de que las autoridades tomaran represalias.
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El ilustradero,
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