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miércoles, 4 de junio de 2014

La peña I

La montaña me llama. 
La luz del sol ilumina los distintos planos, las grietas y detalles que se divisan en la altura.

La montaña me llama. 
Me invita a quedar exhausta en un intento por recorrerla toda. Mirar todos los paisajes que conoce desde tiempos inmemoriales.

Peña II

Yo no sé de donde saqué este impulso por caminar sin pensar, confiada en que más adelante encontraré cómo regresar. 
Era algo que estaba dentro de mi. 

Un día caminaba con mi gente por las faldas de la peña. Sin pensarlo, me decidí a seguir adelante. Les dije que no se alarmaran, sólo subiría un poco más. Para explorar, para seguir caminando, para respirar en un mundo diferente, para mirar un poco más! 

Seguí con el valor de quien no se detiene a pensar en lo que hace. Miré, olí, sentí el viento y sentí la libertad de ser en soledad, en tranquilidad. 
El sol me saludó.

Peña III

Estuve a solas con la montaña. 

Al rodear la montaña alcancé a ver la cima. Mi corazón quería seguir adelante, hasta el final. Pero ese reto tomaría más de medio día y mi gente esperaba al pie de la peña. 

Sin remordimientos decidí que era tiempo de regresar. Contarle a mi gente acerca de ese otro mundo en la alturas.
Aquella caminata de plenitud era suficiente para mi.

sábado, 2 de agosto de 2008

III, silencio

Después de un tiempo llegó el momento de volver a mi tierra.

La damita me acompañó a las afueras del lugar, ahí donde se volvía a escuchar el rumor de los pájaros y el viento. Nada dijo. Una lágrima cayó de su rostro y se cristalizó en un pequeño par de alas, aún las conservo.

Tampoco le dije adiós, sino con la mirada.

Nunca fue más dulce el silencio.

domingo, 27 de julio de 2008

II, tercera semana

Por fin llegamos a una ciudad, la más hermosa que se ha visto jamás. Todo está construido con las más finas gotas de rocío cristalizado. Los habitantes son ligeros y frescos como el agua.

Como en una tierra de mudos, nada se oye, pero se puede percibir la alegría que viven todo el tiempo. Grandes conversaciones se mantienen entre una multitud de seres muy bien organizados y nada se escucha pero se puede sentir la risa ligera y sincera de las doncellas que van y vienen en sus diligencias.

Es como si todo el tiempo se estuvieran preparando para un gran carnaval, un carnaval luminoso y ligero y transparente. Aquí nunca se hace de noche, o más bien, el último rayo de luz sigue yendo y viniendo, incansable, reflejándose en los cristales de la ciudad hasta que llega la nueva luz del amanecer.

Extraño las estrellas.

viernes, 25 de julio de 2008

I, quinto día

Me siento como el guerrero que debía vencer las 7 pruebas para obtener la mano de la hermosa doncella.

Yo no soy ningún guerrero, por la mañana salía yo de mi hogar, porque la luz alegraba los alrededores. Iba dejándome llevar por el camino fresco, apenas amanecía y me topé con esta misteriosa hada resplandeciente.

La he seguido y he dudado muchas veces más de las que esperaba, a veces se detiene por horas frente a caminos nuevos y entradas a cuevas imponentes y yo no sé si quiere que tome el sendero a nuevas ciudades o acaso se necesite salvar a algún niño extraviado en las tinieblas de la cueva. No habla, sólo me mira.

Y sin embargo, sea cual sea la decisión que tome parece no molestarse ni alegrarse.
No es que quiera ganar el favor de tan distinguida dama, porque ha demostrado tener una gracia y porte sin igual, pero han pasado los días y aún no puedo apartar mi atención de ella.

He notado que sólo resplandece al amanecer, como si estuviera hecha de rocio.