viernes, 8 de enero de 2010

I, Recuerdo prestado

-Ha sucedido que cuando los niños son expuestos a una situación de gran peligro, el instinto de supervivencia y los pocos prejuicios aprendidos les permiten activar alguno de los sentidos que la mayoría de la gente ignora- dijo el oráculo mientras ella pensaba que eso explicaría por qué percibía muchas cosas sin entender bien qué significaba...

-Si tan sólo me hubiera pasado algo increíble de pequeña...

Entonces vino a su mente aquella tarde en el campo, cuando jugaban y correteaban juntos; sintió de nuevo, por un instante, la alegría de contar con ese chico, de querer descubrir el mundo juntos. Hacía tanto tiempo ya, eso había sido antes de aprender los oficios, antes de cualquier otro recuerdo.

Hasta unos momentos antes, no recordaba aquella amistad, no era parte de ella; pero ahora, ese día hacía perfecto sentido en su vida. Corrían veloces, como sólo los niños de 5 años pueden hacerlo; cuando cualquier espacio abierto significa una extensa llanura dorada donde el viento sopla fuerte y libre en la cara.

Entonces el viento sí que sopló y el cielo fue atravesado por una ráfaba de fuego. Era como un aro de fuego que recorriera el cielo y dejara ardiendo todo cuanto atravesara.

Entonces sucedió.

sábado, 2 de enero de 2010

¿Hasta donde entra el campo

¿Hasta donde entra el campo a la ciudad, de noche?,
¿el aire de los cerros,
las estrellas, las nubes sigilosas?
Cuando las fábricas descansan
y los motores duermen como algunos hombres,
paso a paso, los hombres penetran a las calles macizas,
y el frío se extiende como una sábana de aire,
sube a las azoteas, se esconde en los zaguanes,
aquieta el agua de las fuentes.
La hojarasca, la ardilla, los rumores, la alfalfa,
los eucaliptos y los álamos, las legumbres adolescentes,
los insectos, el viento, hasta las sombras vienen
a limpiar la ciudad, a poseerla.
(Cuando llega la luz, el campo se retira
como un enamorado culpable y satisfecho.)

Jaime Sabines,
Poemas Sueltos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

La primera noche sin él

No es la primera vez que Paco se despide de Talina mucho antes porque no irá hasta el aeropuerto. Tampoco es la primera vez que no lo espero a cenar.

Pero esta vez se despide antes porque ya no vive en esta casa, es la primera vez que realmente sé que no regresará a cenar, cerrar la puerta y las cortinas.

Es la primera vez que no sé cuando lo volveré a ver...
(Cierto es que su café internet está a la entrada de mi casa; pero eso, son negocios.)

Se fue a un mundo mejor.

lunes, 9 de noviembre de 2009

8 PM

Casi nadie pasa ya, las tiendas cerraron pero en una esquina del parque preparan un gran trompo de carne al pastor; tienen un gran comal, tortillas y queso oaxaca a montones. No tienen quesadillas, sólo tacos fritos de carne o queso.

En cada rincón: macetero, la sombra de los árboles o banca hay una pareja de jóvenes enamorados que aprovecha la falta de alumbrado público.

Una niña que aprende a caminar persigue ratas en el parque oscuro y un perro blanco atraviesa de un extremo a otro la plaza, como en cámara rápida, sin correr.

El mercado

Sólo en la cuadra que abarca el mercado, uno lo puede encontrar todo:

Tienen su Parisina, cueros de cerdo colgando, una tienda de abarrotes que también vende pollo fresco, puestos de fruta y puestos en donde preparan arreglos florales y frutales; los puestos de verduras tan grandes y variados como los de fruta. Un puesto de peces y otro de jaulas para pájaros, de cestas tejidas y cucharitas de madera. Una marisquería con cuerdas de muelle y un montón de puestos de semitas, que incluyen una ración de pápalo, medio aguacate, muchísimo queso oaxaca y aceite de oliva.

En las panaderías, los arreglos paneros son gratis.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Qué bonita se veía la ciudad de noche

El avión aterrizaba en una noche fría de noviembre. Mirando a través de la ventanilla el placer por lo desconocido volvía a llenar su corazón de energía, la promesa de nuevas experiencias se reflejaba en sus ojos. Y sin embargo un escalofrío de terror corría por su sangre. Este mundo sería muy distinto al suelo en donde creció.

Se decía en su tierra que aquéllos que volvían eran incapaces de conciliar el sueño, ahí donde las noches eran en verdad oscuras y uno tenía que confiar en que el sol volvería a salir para iluminarlo todo al día siguiente. En las grandes ciudades todo el mundo se ocupa con ahínco de llenar el vacío con luz, en el fondo carecen de la certeza de que el vacío no puede extenderse. Por si las dudas montan guardias y ponen en marcha aparatos que al día siguiente darán cuenta de lo que sucede (por lo general, nada) durante su sueño. Qué bello, en cambio, sentir la confianza de caminar largo rato durante la noche, caminar por la alameda del pueblo sin necesidad de abrir los ojos (por que lo mismo daría), y saber que uno pasa al lado de aquéllos lugares tan bonitos a la luz natural: la fuente, un mercado, el balcón de la mujer amada.

Allá en el pueblo la última imagen que uno conserva del día es el atardecer y algunas flores cerrando sus pétalos. Entonces uno sí que percibe con todos los demás sentidos, los secretos que la luz opaca se revelan en todo su esplendor. Los sonidos se hacen más suaves, pero a la vez más claros, algunos pueden escuchar el estado de ánimo de los que están a su lado y cómo el viento lo revuelve todo, cómo la tierra misma se va adormilando. El mundo también descansa de los hombres. Otros son capaces de distinguir el olor de cada día, en enero huele a romero, algunos días de primavera huelen a canela y cuando es otoño las noches se llenan de la esencia característica de las hojas doradas que se desprenden. Y todos tienen la capacidad de distinguir claramente la distancia entre ellos y los objetos que los rodean, es como si sus orejas también fueran sensibles a las pequeñas vibraciones de todo cuando existe.

Él solía dormir con las ventanas abiertas para seguir en contacto, aún en sueños, con la plaza y los jardines. En cambio, en esta nueva cuidad al principio tendría que usar gruesas cortinas para que la luz de los espectaculares y los monumentos no afectaran sus cualidades nocturnas. Pero dicen que hasta el más arraigado cede al final a las noches agitadas de la ciudad, que tarde o temprano cambian sus apacibles paseos nocturnos por otros en donde más que dejarse sentir el mundo se preocupan por confirmar que las cosas siguen ahí donde el sol las dejó.

Ella estaba segura de que él no cambiaría todos sus demás sentidos sólo por la comodidad de ver también entre sol y sol. Pero él ya salía entusiasmado del aeropuerto, qué bonita se veía la ciudad de noche...


viernes, 24 de julio de 2009

Sus alas parecían diamantina

La chica venía de otro planeta, en él los seres poseían alas fabricadas con hilo de algodón de azúcar, impermeables, pues tenían que resistir a los largos chapuzones que tomaban en las lagunas que reflejaban siempre la luz de la luna. Porque en ese sitio siempre era de noche, y una luz fresca y plateada cubría toda la extensión, casas, campos, caminos...

Las alas servían, no para largos viajes, sino para flotar y poder sobrevolar los lagos sintiendo el agua fría sólo en la punta de los pies. Y cuando había luna nueva y el calor de las estrellas era insoportable se reunían en los patios y las plazas para abanicarse unos a otros, mientras unos cantanban, otros tocaban instrumentos y todos participaban en danzas para llamar a la luna.

Lo mejor era verlos reir... Sus alas comenzaban a dar destellos de diamantina. Y poco a poco se volvían transparentes como la película de las burbujas. Si se trataba de una gran sorpresa, fosforecían como luciernagas...

Se mantenían ocupados recorriendo los alrededores, buceando para encontrar tesoros debajo de las algas lacustres. Hacían competencias para ver quién podía correr más rápido o permanecer flotando de cabeza más tiempo.

Pero llegó el día en una gran sacudida despertó a la chica, su compañera había desaparecido y en un instante se vio con las alas rotas... jamás volvió a ser lo mismo... Después de mucho tiempo decidió dejar su lugar natal, al que ya no pertenecía y comenzó el viaje, en el que sin saberlo, le esperaban sorpresas maravillosas!